viernes, 21 de noviembre de 2014

JUGANDO EN LAS ESCALERAS

   Al Copy le gustaba ir a las agencias y hacer las jugadas en persona. No quería mandar a nadie con los mandados ni que le levanten juego por teléfono. Los intermediarios le parecían un estorbo y las nuevas tecnologías no terminaban de seducirlo. A menudo, se encerraba durante horas, en silencio, analizando los comportamientos de las distintas loterías aunque sin descuidar los quehaceres de su gran amor: el circo hípico.
 
Jugaba para ganar y jugaba para jugar. El Copy sentía que él mismo se jugaba en cada apuesta que hacía. La misma sensación lo albergó en los tiempos de casino y póker. En aquellos campeonatos clandestinos de truco, disputados en cuevas de humo y cocaína. En la sombría tiniebla donde más de una vez jaló el gatillo de la ruleta rusa, sintiendo el caño frío contra su propia sien. Y ahora sentía que se repetía la secuencia en cámara lenta. Que la bala que tantas veces no salió del revólver esta vez volvía para encontrarlo definitivamente.

   -No todo es un negocio, Copy, no te olvides- dijo Roque, luego de un prolongado rato de silencio entre ambos.

    -Nada es negocio- redondeó su amigo, sintiéndose un peón más en el tablero cuadriculado-, nada es probable. Lo único que se puede hacer es esperar, pensar y redoblar. O encontrar la compañía de un ángel, porque yo ya estoy muerto.
 

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Hicieron camino al andar