Alejandro Dolina

Recuerdo verme corriendo con una dinamita en cada mano y el corazón en la boca, mirando de costado por la ventanilla de enfrente. Creyendo sin creer. Palpitando.
Recuerdo también (como algunos de ustedes) esa especie de molestia adrenalítica, erótica y venenosa. Fácilmente reconocible en nuestro preciado espejo interior, y en cada una de sus partes rotas. Es precisamente en esas trizas donde se vuelve detectable.
Recuerdo haber llorado en silencio y no haberme escuchado. Haber buscado la visión del tercer ojo, un adjetivo, y el ruido que hacían esas latas. Recuerdo también haber pedido muchas cosas: penales a favor, córners, tiros libres, besos, pases, cambio, justicia, piedad, alegría. Recuerdo haberme perdido en el medio de la plaza y haber plantado un durazno en el patio de una casa rematada.
Recuerdo así, como era el olor de las flores a la mañana, el agua fresca del río y el sol en la espalda y en la nuca. Recuerdo ver mi sombra saltar, el guardapolvo sucio y la pelota en el recreo. Recuerdo soñar nubes y guerras y rabia, y verme correr con una dinamita en cada mano y el corazón en la boca. Ahora puedo verme como era.
Prometo leerte a la brevedad. Saludos cordiales.
ResponderEliminarSimplemente me encantaron tus post, tango. Este sobre todo.
ResponderEliminar