sábado, 2 de octubre de 2010

SEMOS DIFERENTES

Permiso. Lamento tanto como ignoro la precisión de mis palabras en cada uno de mis dichos y mis actos. No obstante, asumo la peligrosa responsabilidad de frenar (ni que sea con la panza) cada fastidiosa pelota que recibo e intento jugar hacia un compañero para que resuelva la jugada (en el hipotético y poco probable caso de que su “atrevimiento” le permita rematar o devolverme la pared para que me termine haciendo cargo una vez más del tiro final). Inimaginable, casi, resulta que alguien mande un pase redondo (con minúscula, el otro solía hacerlos bien) a algún compañero que ande cerca. Interpreto, a la vez, que cada vez que reviento el travesaño de puntín o pido que me cobren un puto córner me espera el sabido gesto de andá a la concha de tu madre y el silbido canallesco. ¿Dije que lo acepto? En todo caso, no siempre lo entiendo.
Aplaudo así el vertiginoso juego sin pausas de aquel que, más allá de no compartir su idea de que todas sus apreciaciones son las correctas, o se presentan como supuestos denominadores comunes histórico-mundiales. Digo, más allá de eso, porque no lo creo, como tampoco de mis humildes ocurrencias. Digo, entiendo que mi punto de vista es tan válido como el de cualquier otro, más allá de sus preferencias musicales, deportivas, políticas, clase social, edad, sexo, grupo étnico, actividad que deasarrolle, horas de sueño, etc.. Entiendo así (y es sólo mi opinión) que el debate libre y democrático es positivo en todas sus formas. Basta recordar a aquella imbécil gente que de tanto llamarle pan al pan y al vino vino terminó pensando mal del capitán de su calle y ya saben cómo terminó el pobre. Eso no pasa poco ahora.
Quiero decir: uno puede opinar que una cosa es mejor que otra, que son iguales, o que no puede priorizar la una sobre la otra porque:
a) Son (evidentemente) distintas.
b) Porque pertenecen a distinto género o ámbito.
c) Por cualquier otro motivo.
En cualquier caso, todas las opiniones (a excepción de las que aniquilan la vida y clausuran las ideas) son respetables y están sujetas a un sinfín de material que influye a la hora de determinar pensamientos y/o accionares. No existe una exactitud sobre lo que se puede comparar y lo que no, lo que se puede discutir y lo que no, lo que es de una forma y lo que no.
Entiendo también que hace 500 y pico de años se pensaba que el planeta La Tierra (este que ahora dicen que pisamos) era plano y no quedaba otra (que enorme fue siempre la vereda de enfrente) y que hasta hace 60 y pico de años se creía que la mujer no estaba capacitada o no era digna de votar, por ejemplo. Entiendo, en definitiva, que no existen verdades únicas y mucho menos cuando se trata de opinión. Todo (o buena parte de todo) es materia opinable. Pretendo (siempre) que mi voz (como cualquier otra) pueda expresarse libremente y que muera, de una buena vez por todas, la policía del pensamiento.
De todas formas, dije, aplaudo a aquel que, aunque (a mansalva) difiera de mis opiniones y mis pelotazos a la barrera, exprese su versión (¿su? versión, su subversión, su sub-versión o lo que fuere). No ya para ponernos de acuerdo en todo como en “1984” (en tal caso no tendría prácticamente sentido conversación alguna), sino más bien para abordar un ida y vuelta de ideas acaso más interesante y enriquecedor. Digo.
Apoyo también (¿cuándo no?) a aquel leal compañero (el de la cuerda tirantita) que, aunque con algunas intermitencias, nos brinda sus ideas y cosmovisiones, y siempre está dispuesto a devolver una pared y, cada tanto, buscar el palo más lejano del arquero. Lo que se dice, un personaje activo en esto que nos cuentan que es la vida.
Lo que me sorprende un poco es cierto desentendimiento con la causa. Especie de presencia ausente o retrato inmóvil al óleo. Amaría no tener que opinar al respecto, pero no puedo traicionar algunas ideas que nos involucran. Aunque lo intente no podría evitar paladear la sensación incierta de que seguramente muchos se limitan a mirarla por TV, no cazan una, nos putean en silencio, no quieren saber nada, o sinceramente (y creo que tampoco es tan mal plan) dan por culo a todas nuestras blasfemias. “Lo peor es estar en el culo del asunto y no mover un pelo”. Además a mi las empanadas que más me gustan son las de carne (las únicas que conozco, me alcanza y me sobra, y no me avergüenza) y hasta me animo recomendarle a la tortuga que afile el cuchillo. “Lo digo como lo bailo”.

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